Categorías
Relatos

La celda de arriba

Una vez tuve un compañero de celda que me explicó muchas cosas sobre el mundo. Me contó sobre la libertad, la belleza… el amor. Hasta ese momento, yo no sabía absolutamente nada de esos asuntos, creo que nací aquí. Entre estas cuatro paredes, tan estrechas que tengo que moverme a cuatro patas. Nadie me enseñó a andar, para mí es muy complicado, aunque mis carceleros parecen hacerlo sin dificultad.

Aquel compañero que tuve ha sido mi único amigo, un día se lo llevaron y ni siquiera llegué a saber que apariencia tenía, las celdas están construidas de tal forma que los reos no nos podemos ver los unos a los otros. Solo vemos a los carceleros, y ellos nos ven a nosotros.

carcel-celda-1

He observado con cuidado mi reflejo en el agua que me ponen y creo que soy bastante diferente a mis carceleros. Además no comprendo su idioma, nadie me lo ha enseñado. Con mi amigo me entendía con alguna dificultad, pero al menos me entendía. A estos malditos que me tienen encerrado desde que tengo uso de razón, no les entiendo ni una palabra.

Esa era mi vida hasta un día muy especial, en el que dormitaba ovillado en el suelo. En un momento dado, escuché un sonido increible, una llamada que jamás había oído ni soñado. En la celda de arriba debía haber una criatura mágica, maravillosa, con una voz que era capaz de adormilar mis sentidos en la más cálida paz.

No tenía ni idea de qué se trataba, me pasé mucho tiempo mirando hacia el techo de mi celda, espectante. De vez en cuando desde la celda de arriba llegaba uno de aquellos sonidos y todo mi lúgubre mundo parecía brillar. Recordé las cosas de las que me habló mi viejo amigo. Pensé en la belleza, en el amor… eché más en falta que nunca la libertad, libertad para poder observar con mis ojos a la criatura capaz de emitir aquellos sonidos. Libertad para amarla.

carcel-celda-2

Creo que ese fué el único día de mi vida en el que fuí feliz. Pero fué una felicidad tan fugaz, que en ocasiones se me antoja irreal. Antes de que llegara el anochecer, uno de los horribles carceleros se acercó a la celda de arriba. Gritó algún tipo de orden a sus secuaces y se llevaron para siempre a mi nueva compañía.

Nunca supe más de ella, pero las detestables palabras que pronunció el carcelero antes de llevársela, quedaron impresas en mi mente para siempre. Espero algún día conocer su significado y poder entender el motivo que me separó de la criatura que alegró mi desdichada existencia. Esas fatídicas palabras fueron:

«Mira mamá, en la tienda de mascotas ahora venden también gatitos, ¡yo quiero uno!»

Categorías
Relatos Videojuegos

En el interior del templo (1 de 2)

Pasé como una exalación entre la gente del pueblo, no quería ser entretenido con rumores y bromas sin sentido. Se encontraban casi todos en la plaza central, donde las alegres melodías de los músicos callejeros impregnaban el ambiente.

Me resultaba extraño saber tanto de ellos, conocerlos tan bien y que al mismo tiempo ellos no supieran nada de mí… Para ellos, yo solo era ese chico tan raro que iba correteando de un lado a otro de día y de noche, siempre tan atareado y con ese semblante preocupado. Desde el principio me sorprendió la naturalidad con la que aquellas gentes se paraban a hablar con un extraño como yo. Seguramente, ninguno de ellos imaginaba la importante responsabilidad que tenía entre mis manos. Probablemente, ni yo mismo era consciente de lo que estaba a punto de ocurrir, de como cambiarían las vidas de todos nosotros.

Mientras corría, casi dí de bruces contra el suelo, una gallina extraviada corrió entre mis piernas y me hizo trastabillar. La esquivé como pude y tomé el desvío de la derecha… por donde nunca solía ir nadie. Tras atravesar una calle algo angosta, el bullicio de la plaza se había disipado. Al fondo se abría un jardín solitario aunque muy bien cuidado. Seguí avanzando, decidido a cumplir con mi deber.

No llegaba más sonido a mis oidos que el de los pocos pájaros que jugaban en los alrededores del jardín. La paz era absoluta y sin embargo, mi corazón estaba a punto de estallar. He vuelto a ese lugar mil veces pero nunca fué como aquel día, ese día elegido por el destino… alcé la mirada y allí estaba, colosal y majestuoso, El Templo del Tiempo.

Había empezado a intuir que todos los avatares que me condujeron a ese lugar, en ese momento justo, obedecían a mi sino. Por eso, tuve la certeza de que ese día, el Templo, sus altas cúpulas, sus columnas y paredes ancestrales me estaban esperando. A mí, a un simple kokiri.

Respiré hondo, lancé una mirada a la montaña, mi corazón voló un segundo hacia Ella… y corrí hacia la puerta.

(Continuará…)

Categorías
Épico pasajes de la historia

Pasajes de la historia: Catalina de Erauso

El maestro y capitán, el gran Cebrián solía decir que la historia de España bastaría para cientos de películas de Hollywood. El pasaje de la historia de hoy es sin duda digno de una gran epopeya cinematográfica.

Juan Antonio Cebrian, o como solía proclamarse entre risas joviales, la reencarnación de Amenophis IV, hizo con el pasaje de la historia de Catalina de Erauso toda una obra maestra que se guardará por siempre en las hemerotecas de Onda Cero y en nuestras memorias (las de gigas y las de neuronas). Una joya más para el cofre siempre misterioso donde se guardan los tesoros sonoros de La Rosa de los Vientos.

Hay que hacer especial mención, como siempre que hablo de algún pasaje de la historia de Cebrián, a la buena elección de los temas musicales. Pienso que no podrían estar mejor escogidos.

Vamos al personaje. Se trata de Calatina de Erauso, una mujer que decidió dejar los hábitos de novicia para vestirse como un hombre y dirigirse al nuevo mundo a vivir aventuras, para demostrar que nada tenía que envidiar en valor y ferocidad a los hombres de la época. Se cambió de nombre varias veces, lo cierto es que pasaba perfectamente por un hombre.

Libró decenas de duelos, de batallas y de misiones hasta ser ascendid@ a alférez. No quiero contarles mucho más sobre Catalina de Erauso, les recomiendo escuchar el pasaje de la historia, dudo que no les guste, es buenísimo.

Gran trabajo del equipo de la Rosa de los Vientos.

Categorías
Relatos

Anoche

Anoche caminé o quizás volé entre vías intrincadas. Anoche luché contra el viento en una batalla que no sé si gané o perdí. Una carrera frenética por llegar antes a mi destino, o por evitar que mi destino llegara a mi. Evité los lugares demasiado oscuros, sabía que me acechaban. No iban a permitir que llegara a tiempo y pondrían todo de su parte para hacerme caer, trastabillar, rendirme. Al fin, se hicieron visibles.

Una sombra amenazante surgió detrás de un muro… salté. No se si grité, solo sé que corrí. Mis piernas ardían como lenguas de fuego que quemaban el asfalto, que derretían mi energía, mi ya escasa voluntad.

Una voz me pedía que parara, que me dejara caer al suelo. Dejar de sufrir sería sencillo y rápido, quizás un solo instante de dolor y al fin la paz. Pero no cejé en mi empeño, Ella me esperaba. Apreté los dientes, cerré los ojos y aceleré.

De pronto los abrí y me sorprendí, eran muchos. Nunca habían sido tantos ni se habían dejado ver tan abiertamente. Me frené en seco y en ese momento mis piernas latían, palpitaban como si fueran a estallar. Tenía fuego dentro de las piernas, fuego que quemaba. Los pulmones también me ardían, no daban más de sí, era el fin.

– ¡¡No podrás continuar!! – Se alzó una voz gutural, una voz que había oido en sueños. Una voz que ahora, tenía rostro. El rostro del odio, el rostro del terror… la maldad en persona.

Traté de mover las piernas y no lo conseguí, traté de gritar y un pozo negro de angustia enterró cualquier sonido que pudiera emitir con mi voz. Al fin, lloré.

Lloré de rabia porque no lo podía consentir, no podía permitir que acabara así, Ella me esperaba. Estaba allí, tras esa barrera de seres inmundos, amenazantes y sin una pizca de compasión en la mirada.

Solo sé que corrí. Me rendí a mi suerte y corrí.

No sé como pasó, cuando abrí mis ojos empapados en lágrimas… Ella estaba allí. Solo Ella.

Alrededor todo quietud, todo paz. El sonido del mar acariciaba mis oidos y la arena relajaba mis piernas. Ella llenaba el oscuro cielo con su mirada. Ella me miraba.

Anoche la encontré.

Categorías
la Tierra Relatos

El Templo de la Vida (1)

La antigüedad, el imponente paso del tiempo, era algo que se sentía en el ambiente. La naturaleza, en aquel lugar, era prácticamente un solo ser, casi un ente. Algo vivo que oprimía el corazón. Puede que la definición más acertada para aquel lugar fuera la de Templo de la Vida.

El Sol, ardía violentamente más alla de la protección de la bóveda verde, gotitas de luz resbalaban juguetonas entre las altas copas de los ancestrales árboles. Unas impactaban directamente contra la suavidad del suelo, lleno de flores, arbustos y hojas caidas. Otras iluminaban por un segundo alguno de los pequeños insectos que revoloteaban a media altura, resaltando la vida que flotaba en el aire. Una ligera bruma de humedad lo envolvía todo, lo abrigaba y amparaba. Los rayos de luz construían caprichosas formas sobre la bruma, haciéndola parecer una bella cortina de seda.

El sonido que emitían los animales contribuía en la composición de aquella eterna sinfonía, el piar de los pajarillos que revoloteaban de una rama a otra, arropados por los ancianos árboles que les daban protección y alimento. Algun pequeño roedor correteaba con una agilidad endiablada entre las magníficas copas de los nobles gigantes de madera, y los insectos a los que ya me he referido contribuían a dar la sensación de que la vida se encontraba en cada palmo de suelo, en cada porción de aire.

El pequeño riachuelo que surcaba el bosque, no solo le aportaba más belleza, si tal cosa era posible. El agua que traía saciaba la sed de los alegres animales y hacía que el suelo del bosque, aquella alfombra viva, fuera mucho más fértil. Su sonido, por otro lado, sosegaba el alma de todos los seres vivos que en aquel verde ecosistema se encontraban.

Nadie sabe por qué razón, que motivación había, ni cómo fué posible que ocurriera algo así. El hecho es que ese día, en ese bosque, la historia cambió para siempre.

Empezó con un lamento, el más triste y sobrecogedor lamento que era posible emitir. Provenía del árbol más antiguo, aquel que ocupaba el centro del Templo de la Vida. Era un llamamiento que nunca antes había sido realizado, pero de alguna manera, todos los seres vivos que habitaban el bosque sabían que había llegado el día… (Continuará).

Categorías
Épico Relatos

Capítulo 4 – Esos ojos

Esos ojos del general, esos ojos que aquél día, en aquél campo de batalla no pudieron evitar llorar…

Muchos años han pasado ya, años de paz, justicia y relativa libertad. Esos ojos, que miraban el mundo sobre un caballo en un campo de batalla, hoy lo hacen desde una posición muy diferente.

Pero ésta historia no se centra en esos días, la historia que quiero contar nos hará viajar atrás en el tiempo, cuando esos ojos aun no sabían llorar, cuando no habían sufrido ni por el amor, ni por la maldad.

Foto Ojos

Los jóvenes ojos se abrieron al mundo una mañana temprano, ilusionados por el acontecimiento que iba a tener lugar ése día. Nerviosos también por la cantidad de gente importante que verían.

Toda historia está hilada a partir de fragmentos, pequeñas historias personales. Algunos de éstos fragmentos son muy importantes o emocionantes, otros no tanto, pero todos son imprescindibles para que el final de la historia sea el que es, el que debe ser. Cada fragmento de la historia tiene sus héroes, sus protagonistas, muchas veces totalmente anónimos.

El dueño de esos ojos es protagonista de un fragmento de la historia, un fragmento cuya importancia deberá ser juzgada al final del relato. Todo protagonista, por pequeños o poco importantes que puedan resultar sus avatares, suele tener un nombre, y éste no iba a ser menos.

Ésta es la historia de…

Categorías
life

¿Quién me ha robado el mes de Abril?

Abril se va, ya termina. Con él, un mes más y van cuatro los que pasamos éste año, 2008… Cántate algo Joaquín.

Vaya elección tío… viene al pelo esa canción. A los cientos de personas que llegan a éste blog buscando fondos de escritorio no les importará que esté algo melancólico. Casi que prefería cuando entraban solo cuarenta pero querían verme manejar ubuntu con el wiimote.

Creo que estoy en el momento ideal para escribir el capítulo número 4 de esa historia que de alguna manera trato de hilar con el blog. La verdad que el capítulo 1 solo fué una manera de empezar, traté de demostrar que puedo ser sensible en el capítulo 2 y en el capítulo 3 hice sonar tambores de guerra… Sin ningun motivo en concreto. Bueno, creo que no es un momento ideal para el capítulo 4, al fin y al cabo, me acaban de robar el mes de Abril.

Podría quejarme sobre lo rápido que va el tiempo, pero tengo varios amigos a los que he vuelto locos para que me definieran qué demonios es el tiempo… Es absurdo decir que algo que no entiendo va rápido. La verdad, ahora que lo pienso, puede que la razón de que los meses pasen así no se deba a algo externo a mi, a nosotros me atrevería a decir. Creo que se debe al tiempo que pasamos siendo autómatas, siguiendo la rutina del día a día como auténticos robots. El tiempo vivido automáticamente no es tiempo. Me gusta como ha quedado esa frase, si alguien la usa tiene que poner un enlace a éste blog xDD.

Creo que saldré a coger aire y eso, a Vivir. Voy a ir a pelarme que tengo un pelucón ya, espero que no traten de robarme el coche de nuevo (mataillos de Las Palmas, no hay nada de valor ahí dentro, dejen mi viejo caballito blanco en paz).

Bueno, fué corto pero intenso éste mes de Abril… eso sí, el primer 20 de Abril que pasamos los rosaventeros sin Juan Antonio Cebrián… Se han notado éstos meses sin él. Fuerza y Honor Amigo! Allá donde estés.

Categorías
Épico Relatos

Capítulo 1 – Al salir el sol

Al salir el sol empiezan a sonar los tambores. El frío, refresca los pulmones de los hombres al tomar la primera bocanada de aire del día… quizás, una de las últimas.

Comienzan a formar ordenadamente miles de almas, las cuales, puede que abarroten las puertas del Averno en unas horas. Cuatro inmensas columnas de disciplinadas tropas, cubren la campiña coloreada de suave naranja debido a la luz del sol recién nacido.

Los guerreros, expectantes, aguardan la arenga de su general…

Al salir el sol