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La leyenda de los cuatro Titanes de Taidia

Cuenta la leyenda, que en una isla surgida del mar entre lenguas de fuego y lava, existió una vez un paraje al que los lugareños daban en llamar Santa Lucía. En aquel lugar se hallaba una zona especialmente escarpada, llena de montañas, acantilados y valles con juguetonas e imposibles formas, oradadas tras milenios por el viento y el agua. Al bello pueblo que nació en la falda de aquellos gigantes de roca, se le llamó Taidía.

Se dice, que cuatro titanes acudieron un día a la llamada de la aventura. Armados de pundonor, pan del camino y embutidos del spar, emprendieron una lucha colosal contra las montañas, la gravedad y hasta el mismísimo sol.

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Los más ancianos del lugar aun recuerdan como prepararon la odisea. Junto al templo de Taidía, miraron hacia las cimas envueltas en nubes y exclamaron «¡¿PA QUEEE VAMOS A SUBIR AHIII?!» sin duda, ese era el grito de guerra de los cuatro titanes y así se encargaron los escribas de Taidía de plasmarlo en losas de piedra, de las cuales extraigo hoy este relato.

Papiros encontrados recientemente, cuentan que los cuatro titanes portaban mapas y dispositivos capaces de determinar la altitud a la que se encontraban, habían avanzado bastante bajo el justiciero sol cuando se encontraron justo bajo una mole inmensa de roca. El dispositivo que medía la altitud fué tajante, había que elevarse unos 700 metros más, casi trepando, aquella montaña.

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A medida que las energías se consumían durante la ascensión, la conversación de los intrépidos titanes iba disminuyendo. Sus cuerpos se iban resintiendo y solo tenían una esperanza, la esperanza color verde que aguardaba a los que consiguieran derrotar a las montañas. Fué en el último tramo de dicha subida cuando, procurando quizás apurar el vigor que aun quedaba en sus corazones, lanzaron al unísono su grito de guerra ¡¿PEROOOO PA QUEEEEEEE?! poco más faltó para coronar la hostil cordillera.

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Los cuatro titanes, demostrando que el afán de superación es la energía más poderosa del mundo, consiguieron vencer a las montañas. Como premio, se prepararon extrañas viandas que portaban en sus mochilas. Cuenta la leyenda que junto al pan del camino que llevaban, mezclaron chorizo de teror, queso, salchichón y pechuga de pavo… sí, todo junto. Científicos del CERN han determinado, hoy en día, que con las calorías que contenían los citados bocadillos se podía derretir Hoth.

Emprendieron el camino de vuelta, victoriosos, y mientras las montañas se sentían vencidas por aquellos cuatro titanes, resonaba entre cada desfiladero el grito de guerra de los valerosos caminantes… ¡¿PAAA QUEEEEE?!

La respuesta era clara y sencilla, para poder disfrutar de la verde esperanza, la así llamada «heinecken de 33cl». Espléndido y fresco nectar solo digno de los dioses.

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Fotos: Manuel Marichal