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Requiem por los fallecidos en el accidente de Barajas

Es difícil escribir sobre cosas muy tristes. El miedo a la hoja en blanco es el doble cuando tienes que dar condolencias, pero hablar de nuestros miedos nos ayuda a superarlos y con ello ya me he arrancado a escribir.

Me enteré en París el día del accidente por la noche de la catástrofe que había ocurrido en Barajas y quieras que no, a uno se le encoje mucho más el corazón cuando se entera de una noticia así desde lejos. Pensar que en el vuelo podría haber algun amigo o familiar te hace llamar por teléfono apresuradamente, en mi caso, comprobando que no me alcanzó de cerca. Pero todos conocemos a alguien que conoce a alguna de las personas fallecidas, será por la teoría de los seis grados de separación, el tema es que todos sentimos como una desgracia propia la que han sufrido tantas familias.

Pienso en el miedo que debió sentir esa gente las décimas de segundo durante las que tuvieron conciencia de que algo iba mal. Pienso en los supervivientes y todas las secuelas físicas y psicológicas que tendrán que superar, que superarán. Los familiares de los fallecidos, los amigos, esas horas y días eternos esperando primero la lista de pasajeros que iban en el vuelo y después la identificación de los cuerpos. Pienso en esas personas que perdieron el fatídico vuelo y han vuelto a nacer, pienso en otras que tuvieron que adelantar o atrasar un vuelo y les tocó viajar en el vuelo JK5022, al cual ya le han cambiado el nombre para evitar recuerdos dolorosos.

Pienso en todo eso y me quedo sin palabras. No hay nada que pueda decir que les ayude, pero puedo hacerles escuchar una canción que una vez, a mi, me ayudó. Aunque la versión que escuché yo era de Danza Invisible. Por tu ausencia.

La gente que ha perdido a sus seres queridos y los supervivientes necesitan ahora mucha atención, mucho cariño. Pero tambien lo necesitarán dentro de dos meses, de tres. Cuando la televisión deje de saturarnos con noticias referentes a incidentes aéreos, cuando las familias, amigos y supervivientes se incorporen al día a día otra vez. Tener una mano a la que asirse o un hombro en el que apoyarse en esos momentos será muy importante.

Lo dicho, a los que la vida les paró ese día, descansen en paz.
A los que seguimos aquí, carpe diem.

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