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Lavoisier ¡Que le corten la cabeza!

Extracto de Historia de un átomo (Lawrence M. Krauss)

[…] Desde mi niñez me ha obsesionado la historia de Antoine-Laurent Lavoisier. Lavoisier fue un científico francés de finales del siglo XVIII (considerado por muchos como el padre de la química moderna) que tuvo la desgracia de nacer rico y bien relacionado. Por supuesto, de no haber sido rico no habría podido permitirse el lujo de dedicarse a su gran amor, la ciencia. Siguió la tradición familiar de estudiar Derecho y ocupó una serie de puestos oficiales a lo largo de su vida. Como fué miembro de una asociación que ayudó a recaudar impuestos durante la Revolución, fué detenido y guillotinado en 1974 1794 por ese delito capital a la edad de 50 años.

La auténtica tragedia de la muerte de Lavoisier, como de tantas muertes prematuras, es que no sabemos qué habría sido capaz de hacer. Durante su vida revolucionó el campo de la química, inventando métodos analíticos e identificando elementos. Cuando fué detenido y juzgado, se hallaba realizando varios experimentos importantes, o así lo declaró ante el juez al aceptar su sentencia de muerte, y solicitó que se retrasara hasta haber terminado su trabajo. Se dice que el juez, en una declaración que debería recordarse para que no se vuelva a repetir, dijo: “La nueva República no tendrá necesidad ni de ciencia ni de científicos. ¡Que le corten la cabeza!“[…]

Vivimos en una época de contradicciones. Por un lado, la razón se ha impuesto a la supestición y parece ser que ya nunca daremos la espalda a la ciencia.

Por otra parte, los científicos no paran de decir a los políticos e industrias, a los que tienen el poder, que debemos avanzar hacia un desarrollo sostenible o vamos a pagar caras consecuencias… y no parece que se den cuenta realmente de lo que eso significa. Me da la impresión de que la mayoría de poderosos que toman medidas al respecto, lo hacen por ser políticamente correctos, porque ser verde vende.

La crisis puede ser una oportunidad para rehacer las cosas, esperemos que sea una excusa para hacer las cosas bien. Y no como hizo aquel juez con Lavoisier, que usó la Revolución como excusa para cometer una barbaridad.

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