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En el interior del templo (1 de 2)

Pasé como una exalación entre la gente del pueblo, no quería ser entretenido con rumores y bromas sin sentido. Se encontraban casi todos en la plaza central, donde las alegres melodías de los músicos callejeros impregnaban el ambiente.

Me resultaba extraño saber tanto de ellos, conocerlos tan bien y que al mismo tiempo ellos no supieran nada de mí… Para ellos, yo solo era ese chico tan raro que iba correteando de un lado a otro de día y de noche, siempre tan atareado y con ese semblante preocupado. Desde el principio me sorprendió la naturalidad con la que aquellas gentes se paraban a hablar con un extraño como yo. Seguramente, ninguno de ellos imaginaba la importante responsabilidad que tenía entre mis manos. Probablemente, ni yo mismo era consciente de lo que estaba a punto de ocurrir, de como cambiarían las vidas de todos nosotros.

Mientras corría, casi dí de bruces contra el suelo, una gallina extraviada corrió entre mis piernas y me hizo trastabillar. La esquivé como pude y tomé el desvío de la derecha… por donde nunca solía ir nadie. Tras atravesar una calle algo angosta, el bullicio de la plaza se había disipado. Al fondo se abría un jardín solitario aunque muy bien cuidado. Seguí avanzando, decidido a cumplir con mi deber.

No llegaba más sonido a mis oidos que el de los pocos pájaros que jugaban en los alrededores del jardín. La paz era absoluta y sin embargo, mi corazón estaba a punto de estallar. He vuelto a ese lugar mil veces pero nunca fué como aquel día, ese día elegido por el destino… alcé la mirada y allí estaba, colosal y majestuoso, El Templo del Tiempo.

Había empezado a intuir que todos los avatares que me condujeron a ese lugar, en ese momento justo, obedecían a mi sino. Por eso, tuve la certeza de que ese día, el Templo, sus altas cúpulas, sus columnas y paredes ancestrales me estaban esperando. A mí, a un simple kokiri.

Respiré hondo, lancé una mirada a la montaña, mi corazón voló un segundo hacia Ella… y corrí hacia la puerta.

(Continuará…)

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