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El código viejuno es para los programadores como el retrato de Dorian Gray

El otro día estaba viendo un código viejuno, una parte de un programa que escribí yo mismo hace como tres años… se me pusieron los pelos como escarpias.

Supongo que si me desagrada tanto ahora, y en su momento me pareció la hostia, es porque ahora hago las cosas mejor. O porque antes las hacía muy mal, no lo sé bien.

El tema, es que siguiendo el paralelismo entre software/arte del otro día, me dió por pensar cómo vería un pintor profesional sus dibujos infantiles. Enseguida me di cuenta de que dedicarse al desarrollo de software es una putada, porque el código viejuno nunca será tan entrañable como lo podría ser un dibujo de una casita con un arbolito.

Sentí envidia de la gente que produce con su trabajo obras imperecederas. Y sentí miedo por lo que pensaré sobre mi código actual dentro de unos años… entonces ví este chiste 🙂

Aunque las interfaces de usuario que implementamos, se pueden seguir viendo igual de bonitas con el paso de los años, los programadores somos conscientes de cómo son, e incluso a qué huelen las entrañas de ese software. A medida que vamos adquiriendo la capacidad de hacer código más bonito, ordenado y perfumado, el código viejuno nos huele peor.

Sabemos que sigue ahí, pudriéndose, como el Dorian Gray del retrato.

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