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Unos terroristas alienígenas intentaron destruir Acatos

Era una mañana tranquila, salía a dar una vuelta por el planeta Acatos. Saludé a la flor de un príncipe muy raro que antes vivía aquí.

– Hola flor!

– Hola Adri! ¿A que cada día estoy más guapa?

– ummmm, pues sí, ya sabes que me obligas a decírtelo a diario. – Traté de escapar de la egocéntrica flor.

– ¿Puedes fabricarme una cúpula de cristal para protegerme de los animales salvajes de este planeta?

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– ¡Bufff! Que va, no puedo, se ha roto un volcán y tengo que ir a reiniciarlo. Como no se arregle tendré que formatearlo… buscar los drivers… ya sabes, el volcán tiene windows :p

– ¡Eso me lo dices todos los días!

– Claro, es que tienen windows… ¡Pero que guapa estás hoy, flor! ¡Hasta luego! – le guiñé un ojo y escapé hacia las antípodas del planeta.

Tardé un minuto en llegar, ahí estaba el volcán, funcionando a la perfección… Lo primero que hice al llegar a este planeta abandonado fué ponerle ubuntu a todos los volcanes, el príncipe que vivía antes aquí usaba windows… tenía la mayoría de los volcanes llenos de malware y virus, los pillaba todos en páginas porno el jodío xD

Entonces vi llegar una nave, se acercaba directa al planeta Acatos… me puse muy contento, me encanta recibir visitantes. La nave acatizó de manera perfecta, sin levantar una mota de polvo y sin pisarme ningún volcán.

De pronto, se abre la puerta… y veo salir a Bruce Willis y a Ben Affleck (WTF!) con una bomba de tres pares de narices… flipa flipa!

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– ¿Para que cojones es esa bomba desgraciaos? – les pregunté amablemente…

– Vamos a destruir esta roca, chico. Va directa hacia la Tierra y no lo podemos permitir. – Me comentó Bruce Willis, con una mueca en la cara provocada por un sol inexistente.

– ¿Tienes Vodka? en la mir se les había agotado todo – Se limitó a decir Ben.

– A ver -repliqué indignadísimo- lo primero, la mir dejó de existir en el año 2001, tres años después de que hicieras la peli Armaggedon, son las cosas que uno se pierde si se pasa una década borracho. Lo segundo, esto no es una roca… «chico». Es un planeta, el planeta Acatos. Voy a la Tierra a comprar víveres, no hay mucho alimento por aquí… el príncipe que habitaba este planeta antes debía vivir del aire, yo necesito un mcdonald de vez en cuando.

Después de una larga discusión que sería muy tediosa de transcribir, conseguí convencerles de que se volvieran al cabo cañaveral sin hacer explotar este pobre y pequeño planeta, escapamos locos, eso sí… me obligaron a pinchar una bandera con bandas y estrellas junto a la flor, a ella le dije que protegería sus bellos pétalos del sol :p

FIN.

NOTA: Esta frikada se me ocurrió después de ver una tira que me mandó Reena, ella lo vió en xkcd 😀 Gracias!!

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La celda de arriba

Una vez tuve un compañero de celda que me explicó muchas cosas sobre el mundo. Me contó sobre la libertad, la belleza… el amor. Hasta ese momento, yo no sabía absolutamente nada de esos asuntos, creo que nací aquí. Entre estas cuatro paredes, tan estrechas que tengo que moverme a cuatro patas. Nadie me enseñó a andar, para mí es muy complicado, aunque mis carceleros parecen hacerlo sin dificultad.

Aquel compañero que tuve ha sido mi único amigo, un día se lo llevaron y ni siquiera llegué a saber que apariencia tenía, las celdas están construidas de tal forma que los reos no nos podemos ver los unos a los otros. Solo vemos a los carceleros, y ellos nos ven a nosotros.

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He observado con cuidado mi reflejo en el agua que me ponen y creo que soy bastante diferente a mis carceleros. Además no comprendo su idioma, nadie me lo ha enseñado. Con mi amigo me entendía con alguna dificultad, pero al menos me entendía. A estos malditos que me tienen encerrado desde que tengo uso de razón, no les entiendo ni una palabra.

Esa era mi vida hasta un día muy especial, en el que dormitaba ovillado en el suelo. En un momento dado, escuché un sonido increible, una llamada que jamás había oído ni soñado. En la celda de arriba debía haber una criatura mágica, maravillosa, con una voz que era capaz de adormilar mis sentidos en la más cálida paz.

No tenía ni idea de qué se trataba, me pasé mucho tiempo mirando hacia el techo de mi celda, espectante. De vez en cuando desde la celda de arriba llegaba uno de aquellos sonidos y todo mi lúgubre mundo parecía brillar. Recordé las cosas de las que me habló mi viejo amigo. Pensé en la belleza, en el amor… eché más en falta que nunca la libertad, libertad para poder observar con mis ojos a la criatura capaz de emitir aquellos sonidos. Libertad para amarla.

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Creo que ese fué el único día de mi vida en el que fuí feliz. Pero fué una felicidad tan fugaz, que en ocasiones se me antoja irreal. Antes de que llegara el anochecer, uno de los horribles carceleros se acercó a la celda de arriba. Gritó algún tipo de orden a sus secuaces y se llevaron para siempre a mi nueva compañía.

Nunca supe más de ella, pero las detestables palabras que pronunció el carcelero antes de llevársela, quedaron impresas en mi mente para siempre. Espero algún día conocer su significado y poder entender el motivo que me separó de la criatura que alegró mi desdichada existencia. Esas fatídicas palabras fueron:

«Mira mamá, en la tienda de mascotas ahora venden también gatitos, ¡yo quiero uno!»

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La leyenda de los cuatro Titanes de Taidia

Cuenta la leyenda, que en una isla surgida del mar entre lenguas de fuego y lava, existió una vez un paraje al que los lugareños daban en llamar Santa Lucía. En aquel lugar se hallaba una zona especialmente escarpada, llena de montañas, acantilados y valles con juguetonas e imposibles formas, oradadas tras milenios por el viento y el agua. Al bello pueblo que nació en la falda de aquellos gigantes de roca, se le llamó Taidía.

Se dice, que cuatro titanes acudieron un día a la llamada de la aventura. Armados de pundonor, pan del camino y embutidos del spar, emprendieron una lucha colosal contra las montañas, la gravedad y hasta el mismísimo sol.

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Los más ancianos del lugar aun recuerdan como prepararon la odisea. Junto al templo de Taidía, miraron hacia las cimas envueltas en nubes y exclamaron «¡¿PA QUEEE VAMOS A SUBIR AHIII?!» sin duda, ese era el grito de guerra de los cuatro titanes y así se encargaron los escribas de Taidía de plasmarlo en losas de piedra, de las cuales extraigo hoy este relato.

Papiros encontrados recientemente, cuentan que los cuatro titanes portaban mapas y dispositivos capaces de determinar la altitud a la que se encontraban, habían avanzado bastante bajo el justiciero sol cuando se encontraron justo bajo una mole inmensa de roca. El dispositivo que medía la altitud fué tajante, había que elevarse unos 700 metros más, casi trepando, aquella montaña.

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A medida que las energías se consumían durante la ascensión, la conversación de los intrépidos titanes iba disminuyendo. Sus cuerpos se iban resintiendo y solo tenían una esperanza, la esperanza color verde que aguardaba a los que consiguieran derrotar a las montañas. Fué en el último tramo de dicha subida cuando, procurando quizás apurar el vigor que aun quedaba en sus corazones, lanzaron al unísono su grito de guerra ¡¿PEROOOO PA QUEEEEEEE?! poco más faltó para coronar la hostil cordillera.

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Los cuatro titanes, demostrando que el afán de superación es la energía más poderosa del mundo, consiguieron vencer a las montañas. Como premio, se prepararon extrañas viandas que portaban en sus mochilas. Cuenta la leyenda que junto al pan del camino que llevaban, mezclaron chorizo de teror, queso, salchichón y pechuga de pavo… sí, todo junto. Científicos del CERN han determinado, hoy en día, que con las calorías que contenían los citados bocadillos se podía derretir Hoth.

Emprendieron el camino de vuelta, victoriosos, y mientras las montañas se sentían vencidas por aquellos cuatro titanes, resonaba entre cada desfiladero el grito de guerra de los valerosos caminantes… ¡¿PAAA QUEEEEE?!

La respuesta era clara y sencilla, para poder disfrutar de la verde esperanza, la así llamada «heinecken de 33cl». Espléndido y fresco nectar solo digno de los dioses.

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Fotos: Manuel Marichal

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En el interior del templo (1 de 2)

Pasé como una exalación entre la gente del pueblo, no quería ser entretenido con rumores y bromas sin sentido. Se encontraban casi todos en la plaza central, donde las alegres melodías de los músicos callejeros impregnaban el ambiente.

Me resultaba extraño saber tanto de ellos, conocerlos tan bien y que al mismo tiempo ellos no supieran nada de mí… Para ellos, yo solo era ese chico tan raro que iba correteando de un lado a otro de día y de noche, siempre tan atareado y con ese semblante preocupado. Desde el principio me sorprendió la naturalidad con la que aquellas gentes se paraban a hablar con un extraño como yo. Seguramente, ninguno de ellos imaginaba la importante responsabilidad que tenía entre mis manos. Probablemente, ni yo mismo era consciente de lo que estaba a punto de ocurrir, de como cambiarían las vidas de todos nosotros.

Mientras corría, casi dí de bruces contra el suelo, una gallina extraviada corrió entre mis piernas y me hizo trastabillar. La esquivé como pude y tomé el desvío de la derecha… por donde nunca solía ir nadie. Tras atravesar una calle algo angosta, el bullicio de la plaza se había disipado. Al fondo se abría un jardín solitario aunque muy bien cuidado. Seguí avanzando, decidido a cumplir con mi deber.

No llegaba más sonido a mis oidos que el de los pocos pájaros que jugaban en los alrededores del jardín. La paz era absoluta y sin embargo, mi corazón estaba a punto de estallar. He vuelto a ese lugar mil veces pero nunca fué como aquel día, ese día elegido por el destino… alcé la mirada y allí estaba, colosal y majestuoso, El Templo del Tiempo.

Había empezado a intuir que todos los avatares que me condujeron a ese lugar, en ese momento justo, obedecían a mi sino. Por eso, tuve la certeza de que ese día, el Templo, sus altas cúpulas, sus columnas y paredes ancestrales me estaban esperando. A mí, a un simple kokiri.

Respiré hondo, lancé una mirada a la montaña, mi corazón voló un segundo hacia Ella… y corrí hacia la puerta.

(Continuará…)

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Anoche

Anoche caminé o quizás volé entre vías intrincadas. Anoche luché contra el viento en una batalla que no sé si gané o perdí. Una carrera frenética por llegar antes a mi destino, o por evitar que mi destino llegara a mi. Evité los lugares demasiado oscuros, sabía que me acechaban. No iban a permitir que llegara a tiempo y pondrían todo de su parte para hacerme caer, trastabillar, rendirme. Al fin, se hicieron visibles.

Una sombra amenazante surgió detrás de un muro… salté. No se si grité, solo sé que corrí. Mis piernas ardían como lenguas de fuego que quemaban el asfalto, que derretían mi energía, mi ya escasa voluntad.

Una voz me pedía que parara, que me dejara caer al suelo. Dejar de sufrir sería sencillo y rápido, quizás un solo instante de dolor y al fin la paz. Pero no cejé en mi empeño, Ella me esperaba. Apreté los dientes, cerré los ojos y aceleré.

De pronto los abrí y me sorprendí, eran muchos. Nunca habían sido tantos ni se habían dejado ver tan abiertamente. Me frené en seco y en ese momento mis piernas latían, palpitaban como si fueran a estallar. Tenía fuego dentro de las piernas, fuego que quemaba. Los pulmones también me ardían, no daban más de sí, era el fin.

– ¡¡No podrás continuar!! – Se alzó una voz gutural, una voz que había oido en sueños. Una voz que ahora, tenía rostro. El rostro del odio, el rostro del terror… la maldad en persona.

Traté de mover las piernas y no lo conseguí, traté de gritar y un pozo negro de angustia enterró cualquier sonido que pudiera emitir con mi voz. Al fin, lloré.

Lloré de rabia porque no lo podía consentir, no podía permitir que acabara así, Ella me esperaba. Estaba allí, tras esa barrera de seres inmundos, amenazantes y sin una pizca de compasión en la mirada.

Solo sé que corrí. Me rendí a mi suerte y corrí.

No sé como pasó, cuando abrí mis ojos empapados en lágrimas… Ella estaba allí. Solo Ella.

Alrededor todo quietud, todo paz. El sonido del mar acariciaba mis oidos y la arena relajaba mis piernas. Ella llenaba el oscuro cielo con su mirada. Ella me miraba.

Anoche la encontré.

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El relato de los caminantes que coronaron Tamadaba

Esta es una petición oficial a Ari, el autor del blog Antes del fin del mundo para que continúe con el relato que empezó en un comentario en este blog, en concreto en el post de renombrar muchos ficheros en linux.

Les pongo un estracto del los comentarios de ese artículo, entre los que está el gran comentario de Ari:

  1. by acatos, on Septiembre 18 2008 @

     Vaaale, admito que no conseguimos llegar hasta Tamadaba, pero hacía mucho calor. Fué un mérito coronar La Era.

    Eso sí, he escrito “en la subida desde San Pedro hasta Tamadaba.”, lo cual es cierto.

  2. by Ari, on Septiembre 18 2008 @

     Llegaron con el sol del mediodia, en uno de esos dias que sientes que el diablo te roza las plantas de los pies al caminar descalzo por la calle. Yo todavia era muy joven, y los recuerdo altos como gigantes.

    -Queremos llegar al pinar.- Dijeron. Y aun recuerdo que los mas ancianos del lugar los tomaron por locos, y que las muchachas intentaban convencerlos para que no fueran.

    -No llegaran mas alla del arroyo.- Sentencio el viejo Pitt.

    ………
    ………
    ………

    Y al final volvieron. Caminando de espaldas, como era tradicion en las extrañas tierras de las que procedian los viajeros.

Aridany por dios!! tienes que continuar ese relato. Te proporcionaré todas las fotos necesarias para ambientar la gran aventura de esos tres caminantes xDD

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El Templo de la Vida (1)

La antigüedad, el imponente paso del tiempo, era algo que se sentía en el ambiente. La naturaleza, en aquel lugar, era prácticamente un solo ser, casi un ente. Algo vivo que oprimía el corazón. Puede que la definición más acertada para aquel lugar fuera la de Templo de la Vida.

El Sol, ardía violentamente más alla de la protección de la bóveda verde, gotitas de luz resbalaban juguetonas entre las altas copas de los ancestrales árboles. Unas impactaban directamente contra la suavidad del suelo, lleno de flores, arbustos y hojas caidas. Otras iluminaban por un segundo alguno de los pequeños insectos que revoloteaban a media altura, resaltando la vida que flotaba en el aire. Una ligera bruma de humedad lo envolvía todo, lo abrigaba y amparaba. Los rayos de luz construían caprichosas formas sobre la bruma, haciéndola parecer una bella cortina de seda.

El sonido que emitían los animales contribuía en la composición de aquella eterna sinfonía, el piar de los pajarillos que revoloteaban de una rama a otra, arropados por los ancianos árboles que les daban protección y alimento. Algun pequeño roedor correteaba con una agilidad endiablada entre las magníficas copas de los nobles gigantes de madera, y los insectos a los que ya me he referido contribuían a dar la sensación de que la vida se encontraba en cada palmo de suelo, en cada porción de aire.

El pequeño riachuelo que surcaba el bosque, no solo le aportaba más belleza, si tal cosa era posible. El agua que traía saciaba la sed de los alegres animales y hacía que el suelo del bosque, aquella alfombra viva, fuera mucho más fértil. Su sonido, por otro lado, sosegaba el alma de todos los seres vivos que en aquel verde ecosistema se encontraban.

Nadie sabe por qué razón, que motivación había, ni cómo fué posible que ocurriera algo así. El hecho es que ese día, en ese bosque, la historia cambió para siempre.

Empezó con un lamento, el más triste y sobrecogedor lamento que era posible emitir. Provenía del árbol más antiguo, aquel que ocupaba el centro del Templo de la Vida. Era un llamamiento que nunca antes había sido realizado, pero de alguna manera, todos los seres vivos que habitaban el bosque sabían que había llegado el día… (Continuará).

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Científicos mandan la semilla de la vida al planeta vecino

Hace solo unos años que desde la agencia espacial internacional se sugirió la posibilidad de llevar la vida a otros planetas. Hacerlos habitables para que podamos colonizarlos.

Últimamente, las guerras han ido en aumento, o puede que al haber mejores medios de comunicación nos enteremos con mayor velocidad y crudeza de las injusticias que ocurren. Muchos paises tienen bombas atómicas y por si fuera poco, los medios energéticos que actualmente usamos se están agotando.

Un panorama desalentador ciertamente. Cuando hace unos años conseguimos pisar las lunas y se empezaba a hablar del turismo espacial, de la colonización de otros planetas, se hacía orientando el asunto hacia el ocio. Hoy en día, hay que ser realistas y pensar en la supervivencia.

Tarde o temprano, a alguien se le irá la mano en una de esas guerras que estallan cada día y nos iremos todos al garete, por lo que tendremos que buscar un refugio. Los científicos han mirado al cielo y el único candidato válido es nuestro planeta vecino. Tiene una gravedad algo mayor que la nuestra y al no tener una atmósfera estable aun es inhabitable. Entonces, ¿cómo haremos para poder vivir en ese planeta?

Ayudados por ingenieros genéticos, los miembros del equipo que está estudiando este proyecto desde hace años, han creado un alga que será la solución de nuestros problemas. Este alga está modificada genéticamente para reproducirse a velocidades tremendas y para resistir a mayores inclemencias del tiempo de las que sufriría en este planeta. Además, estas algas se alimentan de dióxido de carbono y producen oxígeno. Con lo que en unos cuantos años, habrá una atmósfera con el suficiente oxígeno para que podamos respirar.

Hoy, se ha lanzado al espacio y rumbo a nuestro futuro hogar una nave con la semilla, el germen de la vida que permitirá que la esperanza no muera. Miles de nosotros hemos mirado al rojo cielo mientras la nave envía, como si fuera una carta en una botella, un mensaje de vida. Nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos, podrán tener un sitio seguro en el que sobrevivir y perpetuar nuestra historia, nuestros recuerdos.

Esperemos que a ningun señor de la guerra se le ocurra pulsar el botón rojo antes de que podamos establecer una colonia de los nuestros en el nuevo mundo. Si algo así pasara, al menos ya habríamos propagado la vida a otro planeta de este sistema solar. Con nosotros o sin nosotros, la vida se abriría camino.

De todas formas no nos debemos rendir con nuestro amado planeta rojo, el que hemos destrozado a base de guerras y contaminación a lo largo de decenas de miles de años. Esperemos, de todas formas, que las algas que hemos mandado a La Tierra florezcan con éxito.

FIN.

PD1: Advertencia: Este es un relato de ficción y sin ninguna otra pretensión que entretenerme un rato escribiendo algo.

PD2: Hablaré sobre la panspermia en otro artículo.

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Convocado el primer premio literario -Bosque de Cebrián-

Desde la web de Un bosque llamado Cebrián se ha publicado hace unos meses el anuncio del primer premio literario Bosque de Cebrián. Se trata de hacer un relato corto del cual el protagonista debe ser un bosque imaginario.

Ya les he hablado de Cebrián y de vez en cuando cuelgo alguna anotación con sus pasajes de la historia, ahora se trata de animarles a que escriban un pequeño cuento lleno de magia o lo que quieran. Tienen de plazo hasta Septiembre y las bases del certamen literario están aquí.

Les animo a que usen un par de tardecitas en algo tan creativo como escribir un pequeño cuento, retirarse durante un par de horas a un jardín o parque tranquilo, a mi me gusta ir al jardín canario…

Les pongo unas cuantas fotos que he sacado allí, por si no tienen verde cerca, se inspiren mirando este post 🙂

Mi segunda musa (la primera es más bonita aun).

… escriban un relato imaginativo y disfruten haciéndolo.

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Capítulo 4 – Esos ojos

Esos ojos del general, esos ojos que aquél día, en aquél campo de batalla no pudieron evitar llorar…

Muchos años han pasado ya, años de paz, justicia y relativa libertad. Esos ojos, que miraban el mundo sobre un caballo en un campo de batalla, hoy lo hacen desde una posición muy diferente.

Pero ésta historia no se centra en esos días, la historia que quiero contar nos hará viajar atrás en el tiempo, cuando esos ojos aun no sabían llorar, cuando no habían sufrido ni por el amor, ni por la maldad.

Foto Ojos

Los jóvenes ojos se abrieron al mundo una mañana temprano, ilusionados por el acontecimiento que iba a tener lugar ése día. Nerviosos también por la cantidad de gente importante que verían.

Toda historia está hilada a partir de fragmentos, pequeñas historias personales. Algunos de éstos fragmentos son muy importantes o emocionantes, otros no tanto, pero todos son imprescindibles para que el final de la historia sea el que es, el que debe ser. Cada fragmento de la historia tiene sus héroes, sus protagonistas, muchas veces totalmente anónimos.

El dueño de esos ojos es protagonista de un fragmento de la historia, un fragmento cuya importancia deberá ser juzgada al final del relato. Todo protagonista, por pequeños o poco importantes que puedan resultar sus avatares, suele tener un nombre, y éste no iba a ser menos.

Ésta es la historia de…