… Al otro lado, solo existía una palabra, deseo. Deseo de avanzar, deseo de saltar todos los obstáculos que se pusieran por delante. Deseo imperioso de abrirse camino como un animal. Deseo desquiciado de quien sabe que o corre hacia delante, o se desvanece como humo en el viento.
Miró fijamente aquella figura, que de manera casi mágica, divina, se dibujaba coloreada por el cálido sol matutino. Era su objetivo, era la razón de su existencia. Era el sentido, la causa de que sus armas hubieran sido fraguadas en los fuegos de los más poderosos hornos.
Se lanzó decidido, a por la figura que llenaba su mente como el agua llena la del sediento. Decidido a alcanzar el otro lado, saltó, se zambulló en un rio helado por el rocío matinal. Nadó sintiendo que agujas afiladas se le clavaban en la piel… y al mismo tiempo, nunca había sentido más calor.
Consiguió alcanzar el otro lado, hincó una rodilla en el suelo enfangado de la ribera del rio. Al levantar la cabeza, se dió cuenta de que estaba perdido, la figura que lo había impulsado a lanzarse en esa carrera trepidante, estaba de pie mirándolo. Se miraron a los ojos. Y los dos comprendieron que toda defensa sería inútil ante aquellas armas… Ella, era la mujer más endiabladamente bonita que a él nunca se le hubiera ocurrido imaginar…


Lo dijo Silvia, el Abril 14 2008 @ 0:19
Espero ansiosa el tercer capítulo!!! Te amo mi escritor adorable